El rencor es una herida absurda II (Al general Lanusse)

Señora Directora:
He leído en Clarín y en la revista Noticias declaraciones de Alejandro Agustín Lanusse, en las que dice que lo sigue "asombrando que Perón sea tan respetado, a pesar de todo lo que hizo", además de considerar que los peronistas le damos "lástima" y que nos comportamos como una "majada de ovejas".
¿Perplejidades de fin de siglo, alguna cuota de envidia mal disimulada por ser apenas "un general" y no "el general", o apenas una oportunista plataforma de lanzamiento electoral de su último libro? Un presidente de facto, derrotado y desairado, se permite desacreditar la memoria y el afecto del pueblo argentino por quien fue tres veces su presidente constitucional.
El exabrupto de Lanusse fue casi simultáneo al reconocimiento del Senado de la Nación que, por iniciativa de quien suscribe, a la cual se sumaron la Unión Cívica Radical y la Cruzada Renovadora de San Juan, puso de relieve el aporte efectuado por Juan Perón a la reconciliación nacional, a la elaboración de un diseño de país con proyección de futuro y fundado en consensos genuinos, como surge de su propuesta de Modelo Argentino, anunciado al Congreso de la Nación hace dos décadas, el 1° de mayo de 1974.
En cambio, con la palabra de Lanusse se escuchan los ecos de las voces gastadas por el fracaso revanchista, que cada tanto exhuman odios vanos. No saben, no han aprendido, a mirar para adelante. Siempre tiran anclas hacia atrás. No tienen futuro: sólo los cobija el pasado. Los ciudadanos de buena voluntad -y buena memoria- supimos dejar a un lado rencores a intransigencias desde que escuchamos aquella música maravillosa: "Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino".
Además, sospechamos que Lanusse no es la excepción a la ley darwiniana sobre la supervivencia de las especies: casi todos los gorilas se encuentran en peligro de extinción. Acaso por ello y para decirlo en palabras que corresponden a su léxico de otros tiempos, lo que está pasando es que "no le da el cuero" para comprender el sentido humanista, trascendente y transformador que el peronismo introdujo en la vida política argentina, ni la palabra sabia del último Perón.
Las minorías zoológicas de la Argentina nunca entenderán por qué el fundador de nuestro Movimiento es respetado "a pesar" de lo que hizo: justamente lo es "por" lo que hizo. Ni qué hablar de la profunda lealtad y consecuencia que millones de argentinos manifiestan a veinte años de su muerte -y estamos dispuestos a seguir haciéndolo- en reconocimiento a quien legó a los hombres y mujeres trabajadores de nuestro país, la mejor herencia que nadie les diera jamás: el sentido de la dignidad y la autoestima.