Ecologista, peronista y de Boca

Señora Directora:
"Ojalá yo fuera ecologista, hincha de Boca o peronista. Mi problema central en la vida es que me da lo mismo todo y no me interesa nada. Eso sí, lo que no soporto es aburrirme". (Testimonio de Lucía Suárez, 29 años, soltera, empleada, recogido por una cronista de Clarín el pasado 26 de marzo, a propósito de un artículo sobre la llamada Generación X, acosada, según parece por el individualismo, la apatía política y las adicciones a la TV y los videojuegos.) Como los lectores comprenderán, me he sentido inevitablemente aludido:
1) Presido la Comisión de Ecología y Desarrollo Humano del Senado de la Nación.
2) Mi primera rebeldía consciente a los mandatos paternos fue desairar la vocación y los esfuerzos de mi padre por hacerme de River. Me llevaba a la cancha y me estimulaba para que lo siguiera en sus pasiones de hincha. Pero mi sentimiento y mis amores se fueron un día -y para siempre- con Boca. Allí sigo y "cada vez lo quiero más".
3) El 17 de octubre de 1945 estuve en la Plaza de Mayo cuando se inauguró un nuevo tiempo político en la República: soy peronista desde que nació el peronismo.
Me cabe, pues, aquello de "ecologista, hincha de Boca y peronista". Pero más me cabe hacerme cargo, después de cincuenta años de trajinar la política, del desencanto que manifiestan algunos jóvenes de hoy por los compromisos con las cuestiones públicas y su desapego por los grandes sueños colectivos.
Algunos hablan de crisis de las utopías, y una cuota de razón tienen: nos agobia la ausencia de grandes causas movilizadoras para la juventud. Un posmodernismo congelante encuentra caldo de cultivo en la falta de oportunidades para el empleo y en las frustraciones que les transferimos prolijamente, en cuestiones políticas y de otro orden también.
Los mayores sabemos que sólo los grandes soñadores han movido al mundo y lo han transformado. En la vida los que dejan huella y marcan rumbos son los Quijotes. Aunque los molinos de viento sean sólo molinos de viento y no gigantes a vencer, ¿quién elegiría en la épica de Cervantes quedarse con la identidad verdadera de Alonso Quijano o con la racional prudencia de Sancho, antes que con la locura mística del "caballero de la triste figura", que un buen día se largó a andar detrás de la justicia para compartir sus mejores hazañas y sueños con la mujer amada?
Es imprescindible que los jóvenes de hoy, aunque los políticos les demos motivo para el desencanto, no deserten, que no se queden al costado del camino, agotados en la industria de la queja sin compromiso y consumidos en una resignada indiferencia ciudadana. Hay mucho por hacer en la Argentina que viene. Háganlo mejor que nosotros, pero háganlo. Eso sí: si además valoran la ecología, son de Boca y votan al peronismo, mejor todavía.