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Aún
nos duele
Señor Director:
En el debate en la
Cámara de Diputados sobre la derogación de las leyes de Obediencia Debida
y Punto Final y en una reciente carta a los lectores de "La Nación", el
Diputado Alsogaray le atribuyó al Gobierno Justicialista co-responsabilidad
en el plan represivo que llevó a cabo la dictadura militar que usurpó
el poder el 24 de marzo de 1976. Sostuvo que "el plan de exterminio" -como
lo calificó la Cámara Federal en el histórico juicio a las juntas militares-
utilizado por los jefes de las Fuerzas Armadas fue el mismo, antes y después
de esa fecha.
Su pretexto fue el
Decreto 2772 de octubre de 1975 del Poder Ejecutivo firmado por ltalo
Luder, interinamente en el ejercicio de la presidencia de la Nación y
refrendado por todo el Gabinete Nacional, en el cuál se desempeñaba el
actual Vicepresidente de la Nación, doctor Carlos Ruckauf, como Ministro
de Trabajo y el suscripto como Ministro de Economía.
En homenaje a la verdad
histórica de aquélla traumática y dolorosa época quiero precisar:
1. En momentos que las actividades subversivas habían desbordado la capacidad
de las fuerzas de seguridad y tanto desde la opinión pública, del Parlamento
y de las propias filas del justicialismo se alzaban voces reclamando acciones
más enérgicas y eficaces para defender a la sociedad, el decreto mencionado
instruyó a la Fuerzas Armadas "aniquilar el accionar de la subversión".
Conforme a la doctrina y a la terminología castrense tal orden significaba
encomendarles la adopción de medidas tendientes a neutralizar la capacidad
de combate de la subversión armada. De ningún modo puede interpretarse
dicha orden como una autorización para exterminar a personas nucleadas
en organizaciones subversivas mediante metodologías contrarias a la Constitución
y a la Ley. Por ello, el decreto tampoco fue objeto de impugnación ni
crítica alguna, ni en el Parlamento, ni en la Justicia, ni en los medios
de comunicación que funcionaban con plena libertad.
2. Alsogaray asegura que entre 1970 y el 24 de marzo de 1976 en la Argentina
hubieron 917 desaparecidos. y menciona a "asociaciones ilícitas delictivas
como la Triple A que contaban con apoyo oficial". Nadie ignora que después
de la muerte del Presidente Perón se acrecentó la espiral de violencia
con derivaciones patológicas promovidas por grupos demenciales. Las bandas
armadas de ultraizquierda y ultraderecha libraban entre sí una lucha sin
cuartel, con numerosas víctimas en ambos lados. Ya hemos afirmado en numerosas
oportunidades anteriores que las bandas lopezrreguistas actuaban clandestinamente,
al margen de la voluntad política del Gobierno y de la Presidente. Y que
fue el peronismo una de sus principales víctimas: pagó con la vida de
numerosos dirigentes y militantes bárbaramente asesinados. Pero fue también
nuestro propio Movimiento el que finalmente expulsó al lopezrreguismo
con la histórica movilización popular del 27 de junio de 1975 en la Plaza
de Mayo.
3. Puedo dar testimonio concluyente que el golpe comenzó a gestarse inmediatamente
después de la muerte de Perón y que progresó, conforme a planes previamente
elaborados, a pesar de los ingentes esfuerzos que hicimos para convencer
a los jefes de las Fuerzas Armadas que se encaminaban a una decisión irresponsable
y finalmente suicida. Por otra parte, el Gobierno ya había anticipado
la fecha de las elecciones generales para octubre de 1976. Y había convocado
a la oposición en busca de un consenso que permitiera llegar a los comicios
"aunque sea con muletas" como sostuvo Ricardo Balbín. Además, la subversión
había quedado desarticulada tras el demencial ataque a los cuarteles de
Monte Chingolo, en diciembre de 1975. A esa altura sus cuadros eran solo
grupos residuales que apenas si superaban el millar de efectivos, aislados
de todo apoyo civil, sin logística, ni recursos y sin moral de combate.
4. En consecuencia, es falso de toda falsedad afirmar que "la metodología
diseñada para combatir la subversión fue aprobada por las autoridades
de entonces". El "plan de exterminio" fue una decisión secreta de los
jefes de las Fuerzas Armadas adoptado junto a la preparación del golpe
de Estado, jamás conocido ni consentido por el Gobierno Constitucional.
y que sólo pudo llevarse a cabo después de su derrocamiento por la fuerza
y la abolición del Estado de Derecho.
5. Cabe concluir que en medio de una aberrante vorágine de violencia como
nunca conoció la historia del país, el Justicialismo en el gobierno defendió
a la sociedad de la insurgencia subversiva dentro de los marcos de la
Ley y del Derecho, con la Constitución en la mano. No por sobre ella ni
contra ella, como lo hizo el Proceso Militar y sus apóstoles civiles de
todos los tiempos quiénes saludaron con euforia su llegada, como lo hicieron
en 1930, 1955, 1962 Y 1966. Muchos de ellos, 22 años después, parecería
que evocan aquellos años de terror como si se hubiese tratado de un mal
necesario y no de una inmensa tragedia sufrida por nuestro pueblo y abonada
con el holocausto de decenas de miles de argentinos. Se equivocan quiénes,
como el Diputado Alsogaray, llevados por su antiperonismo visceral, pretenden
falsificar la historia y cosechar algún mendrugo político. No es así como
se contribuye a cicatrizar las heridas de un ayer que aún nos duele.
Antonio
Cafiero
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