|
Entre la verdad y el escándalo Por Antonio Cafiero Para LA NACION He leído con gran satisfacción el editorial de LA Nación del 7 del actual titulado "Periodismo y autocrítica", que comparto en todos sus términos. Especialmente en cuanto hace referencia a la "altísima responsabilidad que pesa sobre los profesionales del sector informativo y periodístico", y mucho más aún cuando el editorial admite que, "lamentablemente, no siempre los periodistas y los comunicadores sociales desenvuelven su labor con el rigor y la excelencia deseables. En algunas oportunidades traicionan sus responsabilidades éticas en homenaje al rédito fácil -siempre efímero- que pueden llegar a otorgar al sensacionalismo, el escándalo, la exageración o la violación desaprensiva o injustificada de la intimidad de las personas". Al respecto, voy a entregar un testimonio personal. En los pocos días que van de este año, me he visto frente a circunstancias que creo son bien ejemplificativas de lo que sugiere el editorial. En el programa Televisión registrada se reprodujo un video con la imagen del ex presidente Perón haciendo uso de la palabra, al mismo tiempo que un imitador de la voz del general profería frases descalificatorias hacia mi persona. He enviado a mis abogados el texto grabado para iniciar las correspondientes acciones legales. A fines de diciembre, como suelo hacerlo todos los años, invité a mi casa a un grupo de amigos, entre los que se encontraban algunos dirigentes políticos y figuras del medio artístico y periodístico. En una emisión de Telepasillo se difundió el hecho con ribetes escandalosos, dándole el carácter poco menos que de una orgía farandulesca, afectando con los comentarios que se hicieron la intimidad y el buen nombre de algunos de los asistentes y del dueño de casa. Desde hace más de veinte años suelo pasar vacaciones en Pinamar, acompañado por mis hijos y nietos. Nunca me he negado, ni tampoco los miembros de mi familia, a la requisitoria periodística ni fotográfica de los medios. Esta vez, la revista Gente instaló un fotógrafo armado de un teleobjetivo que desde lejos y durante varios días se dedicó a espiar todos mis movimientos, así como los de mis acompañantes, hasta obtener algún blooper -como el que queda registrado en la edición del 9 del actual de la citada revista de los que no estamos exentos quienes simplemente estamos veraneando en familia; máxime cuando no nos consideramos miembros de ninguna farándula ni nos seduce el cholulismo o el desnudo. Ni aplaudo ni justifico reacciones violentas de personas "famosas" que se han visto en situaciones parecidas: Maradona, Palermo, Charly García. Pero me las explico. Por eso también coincido con el editorial de referencia cuando afirma: "Es importante que los profesionales del sector periodístico y la comunicación social analicen sus propios comportamientos con espíritu crítico y corrijan sus vicios, las :desviaciones y los desbordes en que pueden haber incurrido". Porque "cuanto hagan en esa dirección redundará, sin duda alguna, en el perfeccionamiento de la tarea que desarrollan, en la constante elevación de sus miras y, en definitiva, en el " fortalecimiento de los valores culturales, morales y sociales de la sociedad a la que sirven". |