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En
homenaje a la verdad histórica
Sr. presidente (Pierri).
- Se ruega a los señores convencionales tomar asiento. Por favor, se ruega
guardar silencio.
Hemos estado conversando con algunos presidentes de bloque y yo llamo
a la reflexión a los señores convencionales para que no enturbiemos, a
no sé qué intenciones, con agravios hacia nosotros mismos, hacia los partidos,
hacia todos los que estamos aquí presentes. (Aplausos.)
Quiero proponer y sugerir a la Asamblea que, visto y considerando que
todavía hay setenta señores convencionales anotados -por lo menos si esta
propuesta es aceptada y la apoyan algunos presidentes de bloque-, pasemos
a votar este tema que estamos considerando. (Puestos de pie la mayoría
de los señores convencionales brindan un aplauso prolongado.)
Hay varios señores convencionales que me solicitan el use de la palabra.
Pero para agilizar el trámite voy a someter a votación en general el dictamen
en consideración. Si no se hace use de la palabra, se va a votar. (La
votación resulta afirmativa.)
Sr. presidente. - Queda aprobado en general. (Aplausos prolongados.) (Manifestaciones
en la barra.)
Sr. Cafiero. - Pido la palabra.
Sr. presidente. - Tiene la palabra el señor convencional por Buenos Aires.
Sr. Cafiero. - Señor presidente, señores convencionales: por disposición
de los integrantes del bloque Justicialista, además de apoyar... (El señor
convencional Vázquez habla fuera de micrófono.)
Sr. presidente. - Permítame, señor convencional Vázquez: usted está obstruyendo
la labor y agraviando a los señores convencionales. Por favor, respete
a este cuerpo. Continúa en el uso de la palabra el señor convencional
por Buenos Aires.
Sr. Cafiero. - Hablo por mandato de los compañeros que componen el bloque
Justicialista. Por supuesto, hemos apoyado la moción formulada por el
señor presidente y la votación que acaba de tener lugar. Pero como en
este recinto ha habido un previo debate, en homenaje a la verdad histórica,
no puedo dejar de contribuir, con el conocimiento que me da el haber protagonizado
los sucesos que se mencionaron y que fueron fuente de este conflicto,
a esta controversia que intenta interrumpir el curso histórico de esta
Asamblea Constituyente (Aplausos.), que intenta evitar que continuemos
dando este ejemplo ante la ciudadanía de nuestra Patria, demostrando cómo
los hombres de la democracia somos capaces, en un sistema pluralista y
abierto, de coincidir para edificar las mejores instituciones de la República.
En diciembre de 1964 teníamos a nuestro cargo con un grupo de compañeros
la conducción del Movimiento Nacional Justicialista. Dicho sea de paso,
y en homenaje a la verdad histórica, reitero que nuestro Partido Justicialista,
proscripto desde 1955, había sido legalizado por el gobierno de Illia.
(Aplausos.) Habíamos tenido nuestro primer proceso interno democrático
en el mes de agosto de 1964.
Pero teníamos una deuda pendiente con el pueblo peronista y con el pueblo
argentino. Queríamos el regreso del general Perón a su patria, y asi se
lo planteamos a muchos dirigentes radicales. Perón nos había encomendado
esa tarea a un grupo de peronistas. Quería venir en son de paz a la República.
Quería ofrecer su mano fraterna a todos los argentinos, como recién pudo
hacerlo ocho años después. Muchas veces nos hemos quedado pensando: si
aquella vez se hubiera podido consumar ese intento de regreso, cuántos
males le hubiéramos ahorrado a la República. Pero no estaban maduros los
tiempos. Sí, es cierto que hubo enfrentamientos entre nosotros y los radicales
por ese regreso.
El general Perón embarcó en Madrid en diciembre de 1964 con destino a
Buenos Aires. No es necesario que dé el itinerario que siguió. Cumpliendo
su palabra con nosotros, tomó un avión acompañado de cinco compañeros
que todavía están en nuestra memoria. Algunos ya se fueron para siempre,
como Augusto Timoteo Vandor, Carlos Lascano o Delia Parodi. Todavía están
vivos Andrés Framini y Jorge Antonio.
El que habla, que sucedía a Lascano, quien era el secretario general del
Partido, elegido por la voluntad de los afiliados en la conducción táctica
del partido en la República, tuvo a su cargo precisamente organizar con
otros compañeros -Miguel Unamuno, César Faerman, Maximiliano Castillo
a Hilda Pineda- los aspectos en el país relativos al regreso de Perón.
Hay numerosos radicales que pueden dar testimonio de esto. Algunos se
han ido también, como Leopoldo Suárez.
Recuerdo esto fragmentariamente, pero no hubo en ningún momento ninguna
amenaza contra la seguridad física de Perón. Doy testimonio histórico
de esto. (Aplausos prolongados.) Sí nos dolió que el gobierno argentino,
a través del canciller Zavala Ortiz, le pidiera al gobierno brasileño
que detuviese el viaje de Perón en Río de Janeiro. Eso sí nos molestó
y nos agravió. Pero no hubo ninguna amenaza a la seguridad física de Perón
ni de sus acompañantes. Esta amenaza física tuvo lugar en otra ocasión:
en noviembre de 1972, cuando acompañamos el regreso de Perón a la República.
En ese entonces el que habla, junto con otros compañeros, recibimos una
advertencia del gobierno de Lanusse en el sentido de que corría peligro
el avión de Perón con todos sus acompañantes y que no se debía intentar
esa operación. Dijo más aún Lanusse: "Yo no voy a permitir que unos cuantos
negros me hagan otro 17 de octubre". (Aplausos.)
Estoy citando a personajes vivos que pueden desmentir o confirmar lo que
digo.
Vayan mis respetos al gobierno de ese gran demócrata que fue Illia y a
la actitud del gobierno radical que nos habilitó a la legalidad después
de más de diez años de proscripción. (Aplausos.) Esa es la verdad histórica,
señor presidente, y quienes inventen lo contrario están falsificando la
historia para atender a minúsculos intereses de partidos o, menos que
de partidos, de facciones, y para hacer abortar el significado histórico
y la trascendencia de esta Convención, que debe continuar como siempre.
Aquí no ha pasado nada, señor presidente. (Aplausos prolongados. Varios
señores convencionales rodean y felicitan al orador.
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