|
Evita,
la historia por el amor
No necesito decirles
que hoy es un día maravillosamente peronista. Y no lo digo por este solcito
otoñal, que seguramente acarició a Evita cuando era una purreta y ella
se habrá preguntado, cuando aún no soñaba con lo que el destino le tenía
preparado, qué maravilloso es eso que brilla allá a lo lejos, sin pensar
que ella también iba a brillar desde otro lado también ¿Allá a lo lejos,
pero cerca del corazón del pueblo?
Hoy es un día muy especial para quien les habla. Yo vine acá cuando todavía
no había sucedido la noche triste del 30 de octubre de 1983, esa que nos
avergonzó como peronistas. Vine después para decirles a cada uno de los
que me escuchaban, compañera, compañero, no pierda la esperanza, aquí
no ha caído ni ha sido derrotado ni Perón ni Eva Perón, sino una cúpula
de dirigentes que no los supieron interpretar. Nosotros vamos a reconquistar
el peronismo de la victoria. Nosotros le vamos a devolver a todos y cada
uno de los peronistas la dignidad y la alegría de llamarse peronistas.
Y fuimos cumpliendo con esta promesa. El año pasado, cuando vine en una
tarde más fría que ésta, les dije: el año que viene vengo como gobernador
a estrenar la casa de Eva Perón.
Y entonces aquí estoy, haciendo verdad aquello de que mejor que decir
es hacer y mejor que prometer es realizar. Yo vengo a decirles que soy
el gobernador del pueblo, soy el gobernador que ustedes han querido que
sea. Y como yo he sido gobernador porque ustedes han querido que así fuese,
quiero estar siempre cara a cara con ustedes; que me miren al rostro,
en los ojos, y que ustedes me digan si estoy cumpliendo o no con las promesas
que les hice cuando ustedes me eligieron. Y entonces, en esta tardecita
otoñal y soleada el gobernador viene y abre las puertas de esta casa que
va a ser de ahora en más un monumento histórico no sólo para los peronistas,
sino para todos los argentinos. Pero también de muchas mujeres en el mundo
y de muchos hombres que se preguntan quién fue Eva Perón; cómo es posible
que una muchacha de apenas 26 años -porque ésa era la edad que tenía cuando
comenzó a actuar al lado de Perón- en pocos años se convirtiera en la
mujer más amada y también más odiada. ¿Quién fue esa mujer misteriosa,
pálida, con una piel transparente, con unos ojos que a veces brillaban
como dos teas encendidas, pero a veces tenían una sombra gris y triste
como si estuviesen anunciando su final prematuro? ¿Quién es esa muchacha
débil de físico, pero que tenía una energía arrolladora, que todo lo derribaba,
que tenía una pasión que todo lo podía, que se veía en ella la predestinada,
la hija de Dios? Por qué la eligió a ella no tengo la menor duda, porque
la historia no se escribe como algunos sociólogos o historiadores dicen,
con la fuerza del poder, el sable y la guerra. La historia también se
escribe con el corazón, con el amor, con la pasión que Evita puso al servicio
de su causa.
Cada día aparece una nueva biografía de Perón o de Evita. Alguien que
vuelve a hurgar en sus vidas. Que trata de penetrar el misterio de Eva
Perón: quién fue, cómo es posible que todavía, a más de 35 años de su
muerte, nos reunamos todos y gritemos -porque es un grito que recorre
todo el país-: "¡Evita está presente! ¡Evita está presente!"
¿Cuál es el misterio de esta muchacha frágil? Por eso esta casa se va
a convertir en un lugar donde hará meditar a muchos que se creen ricos
y poderosos y que todo lo pueden. Que sepan que la humildad y el amor
también conmueven. Que la humildad y el amor ganan las mejores batallas
en la historia de la humanidad; por eso Evita es grande en el pensamiento
y en el recuerdo de millones de argentinos, algunos que ni la conocieron.
Yo sé que acá hay muchos que recuerdan el nombre de Evita porque tal vez
los padres o los abuelos les contaron de una mujer que hacía temblar a
los poderosos y a los oligarcas de su tiempo, que les enrostraba como
Jesucristo enrostraba a los fariseos de su tiempo, a los ricos y a los
que tenían corazón de piedra, a los que no se conmovían nunca, a los que
se sentían más allá del bien y del mal, a los que reían cuando se les
hablaba de la necesidad de la justicia o de la solidaridad entre los hombres.
Por eso esta muchacha nuestra lo será para siempre y para todos. Porque
también hay en el mundo gente que se entrega por amor a los demás. Desde
la madre de Calcuta hasta la humilde monjita de un hospital pasando tal
vez por alguna desconocida que todos los días sabe cómo atender a un pobre,
cómo visitar a un enfermo o cómo tener un rasgo de caridad para el que
sufre. Por eso hoy es una tarde muy especial para los peronistas, pero
también para los argentinos y para todos los hombres de buena voluntad,
cualquiera sea el credo religioso que tengan, cualquiera sea la emoción
que los guíe, cualquiera sea la razón que los ilumine. Para todos aquellos
que creen en el amor queda abierta esta casa.
|